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La unión
con Cristo nos lleva a la unión con la Iglesia, en la que Cristo
continúa aquí y ahora su misión salvadora. Haciéndonos
sensibles a los signos de los tiempos y a las mociones del Espíritu
Santo seremos más capaces de encontrar a Cristo en todos los hombres
y en todas las situaciones de la vida.
Vemos nuestros
orígenes en los grupos de laicos que desde 1540 se desarrollaron
en diversas partes del mundo por iniciativa de san Ignacio de Loyola y
sus compañeros. Vivimos este estilo de vida en comunión
gozosa con todos los que nos han precedido, con gratitud por sus esfuerzos
y sus realizaciones apostólicas.
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