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tres personas divinas, contemplando a toda la humanidad tan dividida
por el pecado, deciden darse completamente a los hombres para liberarlos
de todas sus cadenas. Por amor el Verbo se encarnó y nació
de María, la Virgen pobre de Nazaret.
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Inserto así entre
los pobres, y compartiendo con ellos su condición, Jesús nos
invita a todos a entregarnos continuamente a Dios y a trabajar por la unión
de la familia humana. Esta entrega de Dios a los hombres y de los hombres
a Dios se sigue realizando hoy, bajo la moción del Espíritu
Santo, en todas nuestras diversas circunstancias particulares.
La espiritualidad de nuestra
Comunidad está centrada en Cristo y en la participación
en el Misterio Pascual. Brota de la Sagrada Escritura, de la liturgia,
del desarrollo doctrinal de la Iglesia, y de la revelación de la
voluntad de Dios a través de los acontecimientos de nuestro tiempo.
En particular, reconocemos
la necesidad de la oración y del discernimiento - personal y comunitario
-, del examen de conciencia diario y del acompañamiento espiritual
como medios importantes para buscar y hallar a Dios en todas las cosas.
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