LA CVX ECUADOR AL PAIS

Ante la delicada situación que una vez más vive nuestro país, cereemos que es una obligación moral y social emitir un pronunciamiento, que es un acto de resistencia en contra de las estructuras del poder político que están oprimiendo de forma violenta al pueblo ecuatoriano.

Las últimas ejecutorias de los actores políticos del país han sido una nueva demostración de desprecio al mandato popular de velar por el orden, la paz y el desarrollo social, y por el contrario han exacerbado las demostraciones de odio, revanchismo e incompetencia.

¿Que podemos esperar de esta realidad? Nada... absolutamente nada. Los llamados representantes del pueblo han demostrado que más pueden sus intereses y sus ambiciones, en tanto que nosostros, los ciudadanos y ciudadanas de este país, nos vemos obligados a soportar esta interminable y pesada cadena de insentabilidad, corrupción, acomodo y prepotencia.

Lo sucedido con el Trbunal Constitucional, la Coste Suprema, las Instituciones públicas en general no responde sino al nefasto deseo de dominio e impunidad. En muy pocos casos se ha pensado en que esos puestos deben ser ocupados por personas que den testimonio de valores. Salvo excepciones, nuestros altos funcionarios han sido mandatarios del poder de turno.

Ante esta situación se hace necesaria una actitud militante de la sociedad civil. Por tanto, hacemos un llamado a la conciencia de las ecutorianas y ecuatorianos a fin de que basados en los valores evangélicos de paz, solidaridad y opción por los más pobres, actuemos para defender nuestro país con acciones positivas y no violentas.

Denunciemos los actos de corrupción, los medios de comunicación social tienen abiertos espacios de expresión que pueden servir de canal.

No participemos en actos públicos que supongan chantaje. La entrega de obras públicas no es una dádiva, sino una obligación con la que deben cumplir los gobernantes.

Analicemos la propaganda y los mensajes que se nos pasan para que no nos hagamos ideas distorsionadas de la realidad.

Ante la consulta popular que propone el gobierno, tengamos en cuenta de aquello por lo que votamos sea lo que realmente queremos.

Ante los actos que pretendan atemorizarnos, no nos quedemos callados,
denunciémoslos.

Asumamos la postura cristiana de denuncia y anuncio, por tanto predispogámonos y aceptemos que tenemos la obligación de participar de la vida pública. Nuestra sociedad necesita de buenos ejemplos y de liderazgos diferentes a los que lamentablemente ahora tenemos. Asumamos conciencia de que los que realmente quieren el bien de este país, lo han demostrado y lo
demuestran a través de su vida pública y privada, por tanto, evitemos fijarnos en figuras cuyo medio de irrumpir a la vida pública ha sido el escándalo.

Luchemos y abramos espacios para los consensos, entendiendo a estos como actos de unidad. Incentivemos los actos honestos, el respeto a la Constitución, como la norma fundamental en la que todos somos iguales y no callemos ante lo que nos indigna por ser contrario a elementales principios de verdad, transperencia y respeto.

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